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Edición Edición #1

La pesada herencia

Por Mariana Vieyra – Comuna 7

El pasado 26 de julio, se presentó el Plan Nacional de Acción para la Prevención, Asistencia y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres, derivado de la ley 26.485, sancionada en el año 2009 durante el kirchnerismo.

Este plan cuenta con dos ejes centrales: prevención y atención. También cuenta con tres ejes transversales: la formación en perspectiva de género, la articulación y coordinación institucional, y el monitoreo y evaluación de las políticas públicas.

Perón decía que para conocer al rengo hay que verlo caminar. Lamentablemente en este caso ya lo hemos visto durante 8 años de Jefe de Gobierno como para darnos cuenta que este plan integral será muy correcto en cuanto su planificación, pero inviable en un contexto neoliberal de exclusión social.

El mismísimo presidente hablaba en la presentación de la violencia como “un tema que nos golpea”, comentario desafortunado si los hay, teniendo en cuenta además que este es uno de los gobiernos más violentos desde la vuelta de la democracia. Si de mujeres se trata, la violencia a la que somos sometidas es un capítulo aparte. A la persecución judicial y mediática contra nuestra Presidenta Cristina Fernandez de Kirchner, podemos sumarle la injusta detención de Milagro Sala y el fallido intento de detención a Hebe de Bonafini.

Macri, acompañado por la vicepresidenta Gabriela Michetti, la Ministra de Desarrollo Social Carolina Stanley y la presidenta del Consejo Nacional de las Mujeres Fabiana Tuñez, con su recurrente cuota de cinismo, habló del compromiso que quiere asumir junto a todos los argentinos, y condenó la intolerancia y la agresión fuera de lugar. El mismo Presidente que avala la represión, la persecución política, las violaciones a los Derechos Humanos que vivimos desde el día que asumió, y no de manera clandestina, sino con todo el aparato estatal y la complicidad de los medios de comunicación hegemónicos y el Poder Judicial. Nos presentaba un plan integral como si pudiera hacerlo efectivo realmente.

Lo que no contó nuestro presidente es el vaciamiento sistemático que sufrimos en cuanto a políticas de género, en todos los ámbitos, y desde hace años. Lo que evadió describir es la situación crítica que vive hoy la Dirección General de la Mujer en CABA, por solo poner un ejemplo. Lo que evitó relatar es la drástica reducción de personal, el nulo presupuesto con el que se cuenta, la escasa difusión de los planes y programas, el deterioro y problemas de infraestructura y mantenimiento que tienen los hogares, refugios, centros de atención, líneas telefónicas, etc.

Lo que no explicó es cómo piensa sostener y hacer efectivo un plan integral sabiendo cual es la situación actual de todas sus políticas públicas. O mejor dicho, de la falta de estas. Lo que no sabe el Ingeniero y todo su gabinete es que es obligación del Estado garantizar que se cumpla el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia.

La pesada herencia que nos dejó el macrismo en la Ciudad da cuenta de ello. Este nuevo plan integral, pone uno de los ejes en la importancia de la educación, en cambiar los patrones culturales. La ley de educación sexual integral fue sancionada en el año 2006, y a casi diez años todavía no se cumple. Los docentes nunca fueron capacitados y no se cuenta con los recursos necesarios para que lo hagan.

La otra herramienta que propone el plan es la creación de 36 HPI (Hogares de Protección Integral) en todo el territorio nacional. Teniendo en cuenta que existe una ley (Ley N° 1688 de Prevención y Erradicación de la Violencia Doméstica, sancionada en 2005 y modificada en 2015) que, sólo en CABA, prevé el funcionamiento de, como mínimo, un Centro Integral de la Mujer (CIM) por comuna. Actualmente sólo 6 CIM están funcionando y en pésimas condiciones.

Todo esto sin entrar en el debate de la segregación a la que son sometidas las mujeres que han sufrido algún tipo de violencia. Creemos que hay que pararse del lado de la perspectiva de derechos. Las mujeres no somos víctimas, sino sujetas de derechos y necesitamos mecanismos concretos de intervención, derivación y desarrollo de estrategias ante situaciones de violencia de género.

El único plan integral posible es un proyecto político nacional, popular y profundamente democrático. Un proyecto de inclusión social y de derechos adquiridos, que levante las banderas del pueblo. No le pidamos peras al olmo.