Edición Edición #1

Para nosotros la alegría

En tiempos donde lo inexacto es la noticia, se desarrolla una inescrupulosa operación de desestabilización con intenciones golpistas. Las corporaciones y poderes monopólicos, ayudados por intereses foráneos están avanzando contra las Democracias Populares de Latinoamérica.

Irresponsables son los análisis coyunturales que no interrelacionan lo regional con lo local. No es casual que los organismos de Inteligencia de Venezuela hayan detectado un intento de golpe de Estado organizado por militares disidentes, supuestamente apoyados por EE.UU., como tampoco son casuales los ataques constantes que recibe la Presidenta Dilma Roussef en el caso Petrobras. Podríamos enumerar diariamente intentos como estos en cualquier parte de América del Sur.

Esto se debe a que los pueblos americanos están adquiriendo soberanía, libertad y pensamiento propio sobre sus intereses regionales.

 Como todos sabemos, en los últimos días permanece a la vista una operación política y mediática, con partícipes internos y externos a la Argentina, organizada y perfectamente articulada entre sectores de poder que aún no se lograron democratizar. Partes totalmente enraizadas en la estructura oligárquica y corporativista de un tiempo que se niega a ceder el espacio hacia las nuevas generaciones que anhelan igualdad y justicia social. Empecinados en generar odio y desánimo, representando a sectores acomodados que expresan intereses centralistas y defienden provechos sojuzgados por políticas que les son totalmente hostiles. Decidieron encarnarlo que pareciera el último manotazo de ahogado para desprestigiar y limar un gobierno que fue electo con el 54% de votos, y que luego de 11 años de gestión mantiene una firme adhesión de las mayorías populares.
Pero lo indignante e intolerable de la situación no es que se impute a la Presidenta SIN PRUEBA NI DEMOSTRACIÓN ALGUNA, ni que desde los medios de comunicación monopólicos, que incumplen la ley y no respetan al pueblo, se realicen juzgamientos públicos sin fuentes ni certezas.
El verdadero problema es que buscan generar odio en la población hacia un gobierno que decidió jugársela por los que menos tienen, es que ataquen a la democracia desde el único poder en que los representantes se eligen a dedo.
Hoy no atacan a un gobierno ni a un partido político, hoy están atacando a la Democracia. Como tantas veces lo hicieron. Hoy no tienen a los militares, pero tienen armas mucho más efectivas que actúan sobre el inconsciente colectivo de todos y todas: los medios de desinformación masivos. Medios que transmiten odio, desesperanza y omiten y tergiversan la realidad constantemente.
Hoy no se trata sólo de defender a Cristina, se trata de defender y fortalecer la democracia, de democratizar el poder judicial para que la justicia sea para el pueblo y no para las corporaciones; de descolonizarnos cultural e ideológicamente; de buscar soluciones propias a conflictos propios y no entrar en conflictos ajenos que nada tienen que ver con nuestra identidad. Se trata de ser libres y decidir nuestro propio destino.
Como dijo la Presidenta de todos los argentinos: «Ningún pueblo puede construir futuro sin alegría, por eso siempre quieren ver tristeza los pueblos», al tiempo que destacó: «Estamos tercamente empecinados en brindar alegría». Sabemos qué buscan, pero no les vamos a dar la respuesta que esperan, no les vamos a devolver la violencia tan anhelada por sectores que,sin miedo, no pueden tener influencia. Les vamos a contestar con más trabajo y militancia, les vamos a devolver AMOR, porque siempre, SIEMPRE, el AMOR VENCE AL ODIO.
Cristina hoy es pueblo, y siempre vamos a estar con el pueblo.No hace falta recordarles que por más agresiones y odio que nos quieran infundir, NO PASARÁN.